El Filósofo Luchador

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Cuando se habla de ser filósofo, la mayoría piensa en un colegiado, un académico o tan solo en alguien con títulos tales, porque de no tenerlos, sus palabras – por muy lógicas que sean – no pesan nada. Ese es el mundo que somos hoy.

Son las personas las que crean las universidades e instituciones, no al revés.

Cuando un académico afirma que la especie humana proviene del mono, o cuando un clérigo dice que descendemos de un hombre y una mujer creados por su dios; ambas afirmaciones, o solo una de ellas, es ampliamente aceptada. Sin embargo si un hombre sin estudios ni respaldos académicos alguno, expresa su percepción que la especie humana tal vez es una especie de origen artificial, la gente simplemente lo verá como un loco turbio por el sol… un volao de la calle.

Esta forma de ver la lógica en las masas no ha cambiado desde los tiempos de Sócrates, solo ha cambiado el contexto.

Entre los parias, plebeyos y otras clases sociales, surgen personas que no les afecta los elementos externos que disgregan e imponen cómo actuar, en qué creer y vestirnos. Estamos aquellos que cuestionamos el por qué de las cosas. Cuando preguntamos, cuestionamos, nos exponemos a una respuesta desnutrida y cerrada, a la negación o prohibición y si insistimos, al castigo. Si son personas cercanas, veces nos dan la respuesta equivocada o no la tienen; pero la respuesta está siempre presente, en el aire, en el entorno, delante de tus ojos, solo hay que detenerse y mirar al vacío, los pensamientos del sabio llegan. Así se hace un filósofo. Individuos así son muy mal vistos por quienes están en la cima de esta sociedad feudal en la que vivimos, si aú n no estamos listos ((ellos)) tratarán de arrastrarnos a su oscuridad para convertirnos en uno de ((ellos)) o liquidarnos en el acto, repararán en todos los recursos a mano, y, ellos tienen muchos recursos, para – por el caso contrario – aislarnos y no dejarnos sobrevivir en el mundo, hasta agotar nuestra esperanza en lo positivo de las cosas y hacer que nos rindamos a ser una oveja más del rebaño, o perecer; lo que sea que hagamos resignados, a ((ellos)) les conviene.

Afortunadamente, la absoluta envoltura de las redes de comunicaciones, permite que los locos pensadores se encuentren entre sí y puedan acuñar y pulir sus ideas y perspectivas, volviéndose un movimiento inteligente e incensurable para la tiranía que controla a las masas ignorantes y la explota como ganado, saben que nosotros los pensadores –  inmunes a sus globos de colores – podemos liberar su ganado y volverlos contra ellos, incluso a sus perros, por eso no dejan de retratarnos como lobos malvados con intención de devorar su ganado cuando en realidad ellos ya lo han estado haciendo de hace tiempo.

Somos más fuertes e influyentes de lo que creemos, y a ((ellos)) les consta. Ellos no son más listos ni inmortales, son tan vulnerables como todos nosotros y por eso se esconden o se rodean de perros guardianes adiestrados solo para destruir. Nuestra mejor arma para algunos es el anonimato y el camuflaje de nuestra persona, es lo justo.

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Si ((ellos)) comen, cagan y fornican como nosotros significa que no son inmortales, son seres que pueden morir y si tratan de controlarnos, de suprimirnos y censurarnos, es porque nos temen. Los dioses no dependen de la manutención de los mortales porque son autosuficientes, pueden crearlo todo sin depender de siervos ni devotos.

Por eso creer que vencer la tiranía es imposible es pensar como un flojo.

La especie humana ha vivido mejor en otros tiempos y podemos volver a hacerlo, solo hay que unirse juntar nuestros pensamientos, planear soluciones y actuar.

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